NOTA DE PRENSA

Impacto y consecuencias del incendio forestal el 18 de septiembre de 2025 en Ferreira de Pantón, en Galicia

El 18 de septiembre de 2025 se desató un incendio forestal en el municipio de Ferreira de Pantón, en la provincia de Lugo. Durante la madrugada del 20 de septiembre el fuego alcanzó la zona conocida como O Pontón, donde se ubica la parcela “Souto” del proyecto Cares, una iniciativa de restauración forestal apoyada por la Fundación Biodiversidad y el Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia (PRTR) financiado por la UE.

El fuego ingresó por la parte sur de la parcela, atravesando una zona de pinar maduro con árboles de gran porte. Allí arrancó varios pies de castaño y, pese a perder intensidad al entrar en el sotobosque, la alta temperatura y los fuertes vientos provocaron una lluvia de cortezas encendidas que cubrió toda la superficie y el poblado cercano. Pequeñas llamas surgieron a escasos 25 metros de viviendas, pero el propio sotobosque logró extinguirlas de forma natural.

El incendio quedó bajo control el 28 de septiembre, tras haber consumido más de 1. 800 ha, de las cuales 1 .500 correspondían a áreas arboladas. En el Souto los daños fueron severos:

  • Repoblado joven (subparcelas IV y V): 100 % de la superficie afectada; la mayoría de los plantones murió o resultaron gravemente dañados, incluso los protectores plásticos se fundieron sobre los troncos.
  • Árboles adultos (subparcelas II y III): 127 castaños fueron impactados; 15 murieron o quedaron gravemente dañados.
  • Sistema de riego: toda la red quedó destruida, con tuberías y conectores quemados.
  • Producción de castaña: se estima que entre el 80 % y el 90 % de la cosecha se perdió, tanto por la quema directa como por la maduración prematura inducida por el calor y la sequía posterior.
  • Estaciones de muestreo: varias fueron destruidas o comprometidas, lo que dificultará la continuidad de los estudios científicos.

Ante estos estragos, el proyecto tuvo que replantearse sus tratamientos de manejo del suelo. Se optó por un desbroce menos agresivo con maquinaria ligera, buscando proteger la estructura del suelo y reducir la evaporación de humedad. La recolección de frutos también cambió: en las áreas más quemadas la cosecha manual resultó inviable, mientras que en las parcelas menos afectadas se mantuvo, aunque con un coste horaria mayor.

Este incendio ilustra cómo los fenómenos extremos vinculados al cambio climático pueden comprometer tanto la biodiversidad como los recursos económicos de comunidades rurales.

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